domingo, 20 de septiembre de 2009

Las arritmias







El corazón pesa entre 200 a 425 gramos y es un poco más grande que una mano cerrada. Al final de una vida larga, el corazón de una persona puede haber latido (es decir, haberse dilatado y contraído) más de 3.500 millones de veces. Cada día, el corazón medio late 100.000 veces, bombeando aproximadamente 7.571 litros de sangre.

El corazón se encuentra entre los pulmones en el centro del pecho, detrás y levemente a la izquierda del esternón. Una membrana de dos capas, denominada «pericardio» envuelve el corazón como una bolsa. La capa externa del pericardio rodea el nacimiento de los principales vasos sanguíneos del corazón y está unida a la espina dorsal, al diafragma y a otras partes del cuerpo por medio de ligamentos. La capa interna del pericardio está unida al músculo cardíaco. Una capa de líquido separa las dos capas de la membrana, permitiendo que el corazón se mueva al latir a la vez que permanece unido al cuerpo.
El corazón tiene cuatro cavidades. Las cavidades superiores se denominan «aurícula izquierda» y «aurícula derecha» y las cavidades inferiores se denominan «ventrículo izquierdo» y «ventrículo derecho». Una pared muscular denominada «tabique» separa las aurículas izquierda y derecha y los ventrículos izquierdo y derecho. El ventrículo izquierdo es la cavidad más grande y fuerte del corazón. Las paredes del ventrículo izquierdo tienen un grosor de sólo media pulgada (poco más de un centímetro), pero tienen la fuerza suficiente para impeler la sangre a través de la válvula aórtica hacia el resto del cuerpo.

Toda irregularidad en el ritmo natural del corazón se denomina «arritmia». Cualquiera puede sentir latidos irregulares en algún momento de su vida, y estas palpitaciones leves e infrecuentes son inofensivas. Sin embargo, muchas personas sufren de arritmias recurrentes y precisan atención médica.

El sistema de conducción: Los impulsos eléctricos generados por el músculo cardíaco (el miocardio) estimulan el latido (contracción) del corazón. Esta señal eléctrica se origina en el nódulo sinoauricular (SA) ubicado en la parte superior de la aurícula derecha.

El nódulo SA también se denomina el «marcapasos natural» del corazón. Cuando este marcapasos natural genera un impulso eléctrico, estimula la contracción de las aurículas. A continuación, la señal pasa por el nódulo auriculoventricular (AV).

El nódulo AV detiene la señal un breve instante y la envía por las fibras musculares de los ventrículos, estimulando su contracción. Aunque el nódulo SA envía impulsos eléctricos a una velocidad determinada, la frecuencia cardíaca podría variar según las demandas físicas o el nivel de estrés o debido a factores hormonales.

Puede que el ritmo sea muy rápido (taquicardia) o muy lento (bradicardia).

Al producirse una taquicardia los estímulos son tan frecuentes que no da tiempo a las aurículas a llenarse completamente y enviar la sangre a los ventrículos, pues en mitad del llenado reciben otro estímulo para contraerse y envían la sangre que tengan en ese momento a los ventrículos. Es como si la torre de control de un aeropuerto enviase la orden de despegar al avión antes de que en éste hubieran entrado todos los pasajeros. Además como el número de aviones que habrían despegado sería muy grande, colapsaría el tráfico aéreo.

En la bradicardia ocurre todo lo contrario, es decir, el número de latidos disminuye por debajo de la frecuencia normal. En ocasiones esta frecuencia es tan baja que puede darse un cese total de impulsos, con lo que se produciría la muerte. Siguiendo con el ejemplo de la torre de control, en este caso enviaría muy pocas ordenes de despegue con lo que repercutiría en la llegada de los pasajeros, llegarían menos personas a su destino porque despegarían menos aviones, incluso podrían detenerse completamente los vuelos.

El tener arritmia no significa obligatoriamente sufrir una enfermedad cardiaca. Es lo que pasaría con un aeropuerto, si sufre retrasos leves, o cambios no muy frecuentes, no ocurre gran cosa simplemente molestias derivadas de los retrasos o los cambios esporádicos. Al final el pasajero termina aceptando los retrasos.

Las causas que originan las arritmias en muchas ocasiones no se conocen. Muchas enfermedades cardiacas producen arritmias. En otras ocasiones son provocadas por el estrés, el tabaco, la cafeína, el alcohol, algunos medicamentos, etc.

La mayoría de la gente con arritmias no debe tener miedo por ello. No precisa realizarse muchas pruebas médicas ni requieren de un tratamiento para su arritmia.

En algunos casos las arritmias están asociadas a enfermedades cardiovasculares, aquí el problema vendría dado por la enfermedad y no por la arritmia. Sólo en muy contadas ocasiones las arritmias tienen que ser tratadas, éste sería el caso de las bradicardias graves porque pueden provocar una parada cardiaca. Algunas personas no tienen ningún síntoma con la arritmia, otras veces nota que su corazón late muy rápidamente y con muchas fuerza, pueden notar también mareos, falta de aliento, debilidad y pérdida de conocimiento. Las personas de mediana edad son las que sufren mayor número de arritmias.

TIPOS DE ARRITMIAS

Enfermedad del seno: el nodo sinusal tiene una lesión por la que envía los estímulos eléctricos con mayor frecuencia (taquiarritmia) o con menor frecuencia de lo debido (bradiarritmia) o alternando en el mismo individuo con menor y mayor frecuencia (taqui/bradiarritmia) aumentando la frecuencia durante la inspiración y disminuyendo durante la espiración.

Bloqueo auriculoventricular (AV): la lesión en el nodo auriculoventricular puede hacer que éste transmita el impulso eléctrico a los ventrículos de forma más lenta o interrumpiéndolo de esta forma las aurículas se contraen a una frecuencia normal impulsadas por el estímulo del nodo sinusal y los ventrículos lo hacen de forma independiente a una frecuencia más baja. Los bloqueos AV pueden ser bloqueos de primer grado, con una prolongación de la conducción AV; bloqueos de segundo grado, con un bloqueo AV parcial, y bloqueos de tercer grado, donde el bloqueo AV es completo.

Contracción auricular prematura: se produce un latido auricular antes de la excitación esperada. Puede aparecer como consecuencia de un aumento del tamaño de la aurícula o de isquemia, o bien puede ser secundaria al estrés, a la cafeína o a la nicotina.

Contracción ventricular prematura: el proceso es el mismo que en la anterior sólo que sucede en el ventrículo.

Síndrome de Wolf-Parkinson-White: se produce por una incorrecta conexión entre la aurícula y el ventrículo. El estímulo eléctrico proveniente del nodo sinusal llega a los ventrículos demasiado pronto y vuelve a la aurícula de vuelta, repitiéndose el ciclo de forma circular ocasionando las taquicardias circulares.

Taquicardia auricular: la aurícula se contrae rápidamente (los latidos pueden elevarse a 200) debido a un foco ectópico, generalmente el ventrículo responde a estas contracciones.

Taquicardia auricular paroxística: son períodos de latidos cardiacos muy rápidos que comienzan repentinamente y también termina de manera brusca.

Taquicardia paroxística supraventricular: comienza bruscamente con un latido prematuro auricular o de la unión y que está apoyado por un mecanismo de reentrada en el nódulo auriculoventricular o por un mecanismo de reentrada en el nódulo AV en el que participa una vía accesoria.

Fibrilación auricular: se producen contracciones rápidas y desordenadas de la aurícula que dan lugar a una respuesta ventricular. La aurícula puede tener una frecuencia de descarga superior a 350 impulsos por minuto, pero no todos ellos pasan a través de la unión auriculoventricular. Los ventrículos no pueden contraerse en respuesta a todos los estímulos recibidos, produciéndose un ritmo de contracción ventricular desordenado.

Fibrilación ventricular: arritmia cardiaca caracterizada por despolarizaciones rápidas y desorganizadas del músculo ventricular. Hay una ausencia completa de impulsos eléctricos, conducciones y contracciones ventriculares organizados. La presión arterial desciende a cero y la persona queda inconsciente. Se debe iniciar medidas de desfibrilación y ventilación.

Flutter auricular: suele ser una arritmia inestable, que pasa espontáneamente a ritmo sinusal o fibrilación auricular, siendo raro que se mantenga de forma indefinida. El pronóstico del flutter auricular sin causa conocida es benigno. El causado por una enfermedad previa, su pronóstico dependerá de ella.

DIAGNÓSTICO

En ocasiones la arritmia puede ser detectada por el médico en un reconocimiento, escuchándolas por un estetoscopio. Aunque el método más preciso para diagnosticarla es a través del electrocardiograma. Puede ocurrir que cuando se esté realizando el electrocardiograma no se detecte ninguna arritmia porque en ese momento no se esté produciendo.

El electrocardiograma recoge la actividad eléctrica del corazón en un papel que luego es interpretado por el médico. Existen pues varias formas de recoger estas señales: 1) Realizando un ECG en reposo. 2) Prueba de esfuerzo: se recoge la actividad del corazón al tiempo que se realiza un tipo de ejercicio concreto; así se ve cómo responde el corazón antes determinados esfuerzos. 3) Holter: se monitoriza al paciente durante 24 horas seguidas, la actividad cardiaca se va recogiendo en una grabadora portátil

TRATAMIENTO DE LA ARRITMIA

En muchas ocasiones no es necesario ningún tratamiento porque la arritmia cede al poco tiempo. Si se están consumiendo bebidas excitantes en grandes cantidades hay que eliminar las de la dieta. El tabaco puede provocarlas, así que se abandonará.

El médico valorará si es necesario iniciar un tratamiento médico con antiarrítmicos, betabloqueantes,etc. De ser así será necesario hacer un seguimiento más controlado del enfermo. En algunas ocasiones puede ser necesario administrar descargas eléctricas (cardioconversión) para que cedan. Después de esto se utilizarán algunos medicamentos.

Se puede recurrir a la implantación de un marcapasos que controle el ritmo cardiaco. La cirugía también es otra opción cuando los otros tratamientos no pueden controlar la arritmia. Después de localizar la zona del tejido cardiaco que causa la arritmia, se procederá a su modificación y así ya no se producirá la arritmia.

Arritmias cardíacas en el deporte

Podría existir cierta relación entre la fibrilación auricular y la práctica deportiva de alta intensidad, aunque todavía no se puede identificar como factor de riesgo.

La fibrilación auricular es una arritmia cardíaca en la que existe una actividad en la aurícula desorganizada y un patrón en el electrocardiograma característico. Puede tratarse de una enfermedad crónica o presentarse de forma brusca y puede existir en individuos con o sin enfermedad cardíaca. Sus causas se relacionan con el estrés emocional, postcirugía, intoxicación alcohólica aguda, enfermedades pulmonares, enfermedades del tiroides, patologías cardíacas, etc.
En un estudio realizado por el grupo de Enfermedades Cardiovasculares del Hospital Clínico de Barcelona y publicado en la revista European Heart Journal, propone que el ejercicio de alta intensidad realizado durante muchos años podría predisponer a padecer fibrilación auricular.

El estudio se basó en el análisis de 1160 pacientes durante un periodo de tiempo de dos años y se encontró un 6% del grupo con fibrilación auricular y menores de 65 años. En 32 de estos pacientes se encontró como característica común el antecedente de actividad deportiva de alta intensidad, practicada durante años en la edad juvenil y con posterioridad. Resulta curioso destacar que todos los pacientes de este grupo eran varones y la mitad de ellos llevaban una vida sedentaria en la actualidad. A continuación se compararon los pacientes deportistas (32) con el grupo de pacientes sedentarios con fibrilación auricular y menores de 65 años, observándose que en el primer grupo las crisis de arritmias comenzaban en una edad más temprana pero registraban menor incidencia de hipertensión arterial. Los episodios de fibrilación auricular se presentaban con más frecuencia por la noche durante el descanso. En los sedentarios no se encontró esta relación tan clara.

Otra de las pruebas que se valoró fue el ecocardiograma que se basa en el uso de ultrasonidos en el diagnóstico de enfermedades cardíacas. Se analizaron los parámetros ecocardiográficos de los pacientes deportistas, sedentarios y de veinte controles sanos, obteniéndose como resultado que tanto los deportistas como los sedentarios tenían aurícula de mayor tamaño al igual que mayor masa ventricular, frente a los controles sanos. A su vez, se observó que la proporción de deportistas entre los pacientes que tenían fibrilación auricular era del 63% , lo que se encuentra por encima de la incidencia de la población general.

La fibrilación auricular existe en individuos jóvenes, donde en el 30-40% de los casos esta arritmia tiene un origen desconocido, por lo que se presupone la existencia de algún factor que predisponga a padecerla. Concluye que son necesarios más estudios a diez o veinte años para evaluar hasta qué punto se puede hablar del ejercicio intenso y prolongado como factor de riesgo para el desarrollo de fibrilación auricular.

En cuanto a la muerte súbita en el deporte, El grupo de mayor riesgo son los varones que con 35 años o más se inician un buen día a la práctica del deporte, estimulados por todos los mensajes oídos y escritos de que el deporte es salud o con la ilusión de perder algunos kilos de más, con la ilusión de estar y encontrarse en forma, parten de cero y se lanzan sin más a ello. Si este individuo tiene un riesgo al hacerlo de este modo, mucho más lo tiene si fuma, o es hipertenso y no lo sabe, tiene el colesterol alto, etc. Lo correcto es valorar si el corazón está bien "sano" y se le puede "dar caña", valorar la situación de la parte cada cual, es decir la forma física actual, la respuesta del organismo al esfuerzo (tensión arterial, arritmias, etc) y todo esto se logra realizándose un control previo a la práctica deportiva.

Este control consistirá en una buena historia clínica, una revisión pormenorizada de los posibles factores de riesgo que concurran en cada individuo, una exploración cardiológica exhaustiva, un electrocardiograma basal, una radiografía de tórax, una prueba de esfuerzo con capacidad funcional aeróbica, y si uno lo quiere hacer ya muy bien, un ecocardiograma. Con el resultado de todo esto se puede recomendar un tipo y modalidad de deporte para cada situación y además se puede descartar alguna anomalía existente que impida o no recomiende la práctica de algún deporte o de todos. Además esto servirá como posibilidad para abandonar los malos hábitos o costumbre como son el tabaco, sedentarismo, exceso de peso, etc. Incluso la instauración de una dieta de mayor calidad.

Con todo esto lo que podemos concluir es que ningún corazón va a sufrir un accidente grave si está sano, que el ejercicio por si mismo no desencadena este tipo de respuesta si la estructura cardiaca es normal. Por lo tanto se necesita de una alteración importante de la estructura cardiaca y de la función para que se desencadene esta respuesta o dicho de otro modo, se precisa de un miocardio alterado con un sustrato arritmogénico para que se de una muerte súbita. Aunque recientes publicaciones nos recuerdan que hay entre un 2-3% de gente que mueren súbitamente y no se puede dilucidar por ningún mecanismo la causa real de esa muerte.

“Conocer los límites puede significar la diferencia entre la vida y la muerte”.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Hipertensión y deporte












Hipertensión y deporte

Cuando hablamos de hipertensión arterial nos referimos al hecho de que la sangre viaja por las arterias a una presión mayor que la deseable para la salud.

Esta enfermedad se manifiesta ocasionalmente con mareos, dolores de cabeza o hemorragias en la nariz. Aunque la mayoría de los afectados no muestran síntomas visibles, que no quiere decir que no sea peligrosa, puesto que muchas muertes al año se producen por esta enfermedad o por sus complicaciones sobre el sistema cardiovascular y el riñón.

La tensión arterial se caracteriza principalmente por la cantidad de sangre que circula y el calibre de las arterias por las que esta circula. Cuanto mas volumen de sangre contenga y menor sea el diámetro de las arterias, mayor será la tensión arterial. En una tensión arterial normal la presión máxima que ejerce el corazón es de 120mm Hg en su fase de sístole, y en la fase de diástole su presión es de 80mm Hg. En una tensión arterial elevada, hay que seguir este protocolo

Beneficios de la práctica deportiva para el control de la tensión

Esta demostrado que el ejercicio físico es beneficioso para el control de la tensión arterial en el paciente hipertenso. Sin embargo, la práctica deportiva tiene un riesgo mayor en el hipertenso que en el individuo sano, sobre todo con determinados deportes y, principalmente, cuando no se realiza de una forma programada y siguiendo las recomendaciones. Además, el paciente hipertenso debe ser sometido a una exploración cardiológica previa más exhaustiva, que permita excluir la existencia de afectación orgánica secundaria a la hipertensión, para así disminuir los riesgos del ejercicio físico.

La práctica deportiva es una afición cada vez más extendida entre la población, incluyendo a los hipertensos. Es una creencia generalizada que el deporte es beneficioso para la salud y muchos médicos recomiendan el ejercicio físico a sus pacientes hipertensos. Sin embargo, es necesario conocer cómo responde la tensión arterial ante el esfuerzo físico y la influencia que tiene el ejercicio sobre la hipertensión arterial, para evitar las posibles respuestas negativas.

El deporte no siempre es beneficioso para la salud. La realización de ejercicio físico no programado, sobre todo en individuos con enfermedades como la hipertensión arterial , puede ser peligrosa. Muchas personas inician una actividad deportiva sin un control médico previo. Algunas de ellas a edades en las que la probabilidad de enfermedades cardiovasculares es significativa. Además, dado que hasta un 20% de la población es hipertensa, la probabilidad de que un hipertenso no diagnosticado inicie una actividad física es relativamente alta. No es raro encontrar a un paciente hipertenso que inicia una actividad deportiva sin una valoración médica previa. Alguno de estos pacientes padece una hipertensión arterial severa y/o tiene repercusión orgánica, lo cual hace que el ejercicio físico pueda favorecer la aparición de complicaciones cardiovasculares importantes.

Por otro lado, el corazón del deportista puede mostrar una serie de cambios estructurales caracterizados, principalmente, por un aumento del diámetro telediastólico y del grosor parietal del ventrículo izquierdo, los cuales pueden observarse también en el paciente hipertenso, constituyendo en este último caso una situación patológica conocida como cardiopatía hipertensiva. Cuando se encuentran estos cambios estructurales en el corazón del deportista hipertenso, es necesario realizar un diagnóstico diferencial, el cual puede ser, a veces, difícil. En estos casos se requiere una valoración precisa de la situación clínica y una programación específica de la actividad física.

Una situación especial la constituye la hipertensión arterial en el niño, la cual suele recibir escasa atención, debido a su desconocimiento y a que es mucho menos frecuente que la del adulto. Es bastante habitual que no se mida rutinariamente la tensión arterial durante la exploración física pediátrica. Sin embargo, la hipertensión se encuentra hasta en el 3% de algunas poblaciones infantiles, habiéndose demostrado que puede tener consecuencias importantes si no es tratada convenientemente. Este hecho toma especial relevancia cuando el niño va a iniciar su educación física escolar o cualquier otra actividad deportiva. De aquí la trascendencia que tiene el conocimiento de la hipertensión arterial en el niño y su relación con el ejercicio físico.

Relación entre la hipertensión arterial y el ejercicio físico

En una persona sana, no hipertensa, la realización de cualquier tipo de ejercicio físico produce un incremento fisiológico de la presión arterial sistólica. Cuando el ejercicio es dinámico, la vasodilatación periférica acompañante hace que la presión arterial diastólica no se eleve, o aumente o disminuya discretamente, mientras que la presión arterial media aumenta ligeramente. Sin embargo, en el ejercicio estático, la contracción muscular sostenida da lugar a un incremento proporcionalmente mayor de las presiones sistólica, diastólica y media. Además, si el ejercicio estático es suficientemente intenso, la presión arterial sistólica puede elevarse momentáneamente a valores considerables, superando incluso los 220-230 mm Hg, fenómeno que es raro observar con el ejercicio dinámico.

La respuesta de la tensión arterial ante un esfuerzo en un individuo hipertenso también depende del tipo de ejercicio físico que se realiza y, además, varía según el patrón hemodinámico de las diferentes formas de hipertensión arterial. Comparado con el individuo sano, el ejercicio isotónico en el hipertenso induce un mayor aumento de las presiones sistólica, diastólica y media, con lo que se incrementa menos el gasto cardiaco. La respuesta es similar en el ejercicio isométrico, aunque aquí al aumento de la tensión arterial suele ser de mayor magnitud. Esta respuesta de la tensión arterial del hipertenso ante el ejercicio físico es más manifiesta cuanto mayor es el grado de la hipertensión y hace que la capacidad funcional para el esfuerzo sea menor que la del individuo sano.

Por otro lado, el entrenamiento físico en el sujeto hipertenso produce una serie de cambios en el estado hemodinámico basal, que son similares a los que ocurren en el individuo sano, pero que tienden a ser más manifiestos. En concreto, la tensión arterial basal habitualmente disminuye con el entrenamiento, pero lo hace en mayor grado en el hipertenso, siendo posible, incluso, la normalización de la tensión arterial, lo que ocurre, principalmente, cuando la hipertensión es leve. Asimismo, la tensión arterial basal suele ser menor en el hipertenso entrenado que en el que no practica ningún tipo de ejercicio físico.

Ejercicio físico como tratamiento de la hipertensión arterial

Dado que el ejercicio físico, realizado regularmente, conduce a una reducción de la tensión arterial basal, la práctica deportiva ha sido recomendada como una de las medidas generales del tratamiento de la hipertensión arterial. Además, el entrenamiento físico aumenta la capacidad funcional ante el esfuerzo y produce una serie de modificaciones metabólicas que pueden ser beneficiosas. En concreto, se mejora la utilización de la glucosa y se reducen los niveles de noradrenalina plasmática, lo cual contribuye favorablemente al manejo del paciente hipertenso. Por lo tanto, la realización regular de ejercicio físico no sólo no debe ser desaconsejada en las personas con hipertensión arterial, sino que debe ser considerada como un punto importante dentro de su tratamiento.

Además de por las razones anteriores, la práctica regular de ejercicio físico se suele acompañar de otros factores que pueden contribuir al manejo de la hipertensión arterial. Así, las personas introducidas en el deporte, en general, suelen tener un ambiente de vida más sano, el cual ayuda al tratamiento de la hipertensión y evita la adición de otros factores de riesgo cardiovascular. En concreto, los deportistas evitan, habitualmente, el tabaco y llevan una alimentación más cardiosaludable. Generalmente, tienen un peso corporal adecuado, lo que supone un hecho muy importante, pues la obesidad condiciona muchos casos de hipertensión arterial. Asimismo, la mentalidad del deportista suele ser más abierta y positiva, lo que puede ayudar a reducir el estrés, el cual favorece también la elevación de la tensión arterial.

Se ha cuestionado si el ejercicio físico isométrico es realmente recomendable como tratamiento de la hipertensión arterial. El entrenamiento con este tipo de ejercicio puede dar lugar a un descenso de la tensión arterial basal. Sin embargo, durante el esfuerzo isométrico se produce una elevación significativa de la tensión arterial, a veces severa, que puede ser contraproducente. Por otro lado, el ejercicio isotónico parece reducir proporcionalmente más la tensión arterial basal que el ejercicio isométrico, lo que va en contra de la recomendación de éste. Además, cuando el individuo está entrenado, la reducción que se produce en el incremento agudo de la tensión arterial durante el esfuerzo isotónico es proporcionalmente mayor que en el ejercicio isométrico. Por lo tanto, la mayoría de los autores recomiendan la práctica de un deporte isotónico o aeróbico como tratamiento de la hipertensión arterial y desaconsejan la práctica de ejercicio físico isométrico o anaeróbico.

Riesgos del ejercicio físico en el paciente hipertenso

A la hora de indicar la práctica de ejercicio físico en el paciente hipertenso, hay que recordar que algunos fármacos antihipertensivos pueden interferir con la respuesta del organismo al esfuerzo, lo que puede ser peligroso en ciertos casos. Los betabloqueantes disminuyen la frecuencia cardiaca en reposo y durante el ejercicio, pudiendo así reducir la capacidad de esfuerzo. Aunque es poco frecuente, existe la posibilidad de que el exceso de dosis de un betabloqueante limite mucho el ascenso agudo de la frecuencia cardiaca ante un esfuerzo, lo que puede dar lugar a un agotamiento rápido e intenso. Por otro lado, los diuréticos incrementan la pérdida hidroelectrolítica, favoreciendo así la aparición precoz de deshidratación durante el esfuerzo y sus correspondientes consecuencias negativas, que en casos extremos pueden desencadenar un shock hipovolémico.

Una de las mayores dudas en cuanto a la recomendación sobre la realización de ejercicio físico en el individuo con hipertensión arterial, es la de si debe permitírsele practicar un deporte de competición. A este respecto existen opiniones opuestas. Algunos autores consideran que el deporte competitivo supone una situación de estrés sobreañadido, que puede dar lugar a reacciones hipertensivas en individuos predispuestos, por lo que lo desaconsejan. Otros, sin embargo, no lo consideran peligroso e, incluso, hay quien cree que es beneficioso en una persona que desea enormemente realizar competiciones, sobre todo si son niños, ya que puede servirles como educación para vivir en una sociedad competitiva. Sin embargo, la opinión generalizada es la de que el consejo debe ser diferente según la situación del hipertenso. Así, si se trata de una persona con hipertensión ligera-moderada, bien controlada, asintomática y sin repercusión orgánica, puede permitírsele el deporte de competición, excepto que muestre alguna reacción negativa al practicarlo. Por el contrario, si la hipertensión es severa, de difícil control, con síntomas o con afectación orgánica (sobre todo cardiaca), lo más recomendable es evitar el deporte competitivo, aunque sí es aconsejable la práctica habitual de ejercicio físico isotónico.

Un caso particular de hipertensión arterial lo constituye la denominada "respuesta hipertensiva al ejercicio". Esta se considera cuando el individuo presenta una tensión arterial normal en reposo, pero muestra valores excesivamente elevados durante el ejercicio físico. En una prueba de esfuerzo, se suele considerar que la respuesta es hipertensiva cuando la tensión arterial supera los 220/110 mm Hg durante el ejercicio. El significado de este fenómeno no se conoce con exactitud, pero se ha observado que los individuos con reacción hipertensiva al esfuerzo tienen mayor tendencia a desarrollar hipertensión arterial en reposo posteriormente.

En algunos estudios se ha observado una relación significativa entre la hipertensión arterial y la muerte súbita durante el ejercicio físico, pero esto no ha sido totalmente demostrado. Dado que la incidencia de muerte súbita en los deportistas es baja y la prevalencia de hipertensión arterial en ellos es menor que en la población general, el estudio de esta relación es difícil. Hay series, incluso, en las que ni se menciona la hipertensión arterial como causa de muerte súbita del deportista. Sin embargo, esta posibilidad debe ser siempre tenida en cuenta, puesto que la hipertensión arterial y la muerte súbita no relacionada con es esfuerzo sí ha sido más fehacientemente demostrada, principalmente en los pacientes con cardiopatía hipertensiva.

Valoración del deportista hipertenso

Todas las personas que vayan a realizar una actividad física deben ser valoradas previamente desde el punto de vista médico, sobre todo, cardiovascular. En esta valoración debe incluirse un estudio de los antecedentes familiares y personales, y una exploración física completa, en la que no debe faltar el registro de la tensión arterial, incluso en los niños. Con esta valoración pueden descubrirse la mayoría de los individuos de riesgo, entre los que están los hipertensos. Estos individuos deben ser remitidos a un cardiólogo para una evaluación posterior más específica.

Dado que el riesgo mayor en el hipertenso ante el ejercicio físico se observa en presencia de cardiopatía hipertensiva, deben practicarse las correspondientes exploraciones para descartar la presencia de ésta. Podría ser suficiente con la realización de un electrocardiograma y radiografía de tórax, aunque con esto pueden pasar desapercibidos algunos casos, sobre todo las hipertrofias ventriculares ligeras sin expresión electrocardiográfica ni radiológica. Dependiendo de la situación clínica del paciente y de la facilidad de disposición de las exploraciones, el cardiólogo debe decidir qué pruebas debe solicitar. Algunos autores recomiendan la realización de un ecocardiograma a todos los hipertensos, pero esto puede ser muy costoso en algunos centros. Lo lógico es practicar el ecocardiograma a aquellos hipertensos de mayor riesgo, como son los individuos de mayor edad, los que presentan síntomas, los que muestran una hipertensión arterial moderada-severa y aquellos en los que existen datos de afectación orgánica en la exploración física, en el electrocardiograma o en la radiografía de tórax.

Al igual que con el ecocardiograma, la realización de una prueba de esfuerzo a todos los hipertensos puede ser muy costosa para algunos centros. Sin embargo, es la única forma de conocer con más precisión la respuesta al ejercicio de un paciente hipertenso. Lo que se recomienda es valorar la necesidad en cada caso. La prueba de esfuerzo estaría indicada en pacientes con antecedentes familiares o personales de cardiopatía isquémica, los que refieren angina u otro síntoma relacionado con el esfuerzo, y los que muestran signos de isquemia miocárdica en el electrocardiograma.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Frecuencia cardiaca













Frecuencia cardiaca

Precauciones de empleo La utilización de la FC sólo es valida a partir del momento en el que un atleta toma algunas precauciones en cuanto a su medida, a su lectura y a su interpretación. Primera precaución a tomar, asegurarse que el ejercicio es del tipo aeróbico.

¿Fijar o controlar el esfuerzo?

¿Tiene un corredor interés en regular su esfuerzo sobre la base de la FC solamente?

Veremos que el nivel cardiaco es un determinante importante en el recurso aeróbico. Por lo tanto a falta de otro indicador (pasos para controlar la velocidad por ejemplo), su toma en consideración permite tener una idea bastante clara del esfuerzo aeróbico realizado.

El limite de ese razonamiento esta en que la FC no tiene en cuenta todos los componentes de un esfuerzo.

Solo es un engranaje más... importante si, pero no único de un sistema que engloba. Puede muy bien no reflejar una fatiga muscular o psicológica, un cansancio o un estado de euforia. Es por eso que solo debería ser tenida en cuenta excepcionalmente para fijar los ritmos de entrenamiento.

Si pero... si el atleta no utiliza la FC para fijar el nivel de esfuerzo a desarrollar¿ sobre qué puede basarse para hacerlo?

Pues por ejemplo sobre la velocidad si dispone de un recorrido marcado, o bien sobre las sensaciones sentidas. Ese segundo indicador permite evitar quedarse encerrado en el atolladero del “todo previsto por adelantado” o del “todo esta controlado”.

La percepción del esfuerzo es un indicador mucho mas central que la FC. Tiene en cuenta el conjunto de las informaciones del organismo y del entorno.

Implicación mayor del recurso aeróbico

Sabemos que un ejercicio físico puede hacerse con presencia de oxigeno o sin que este elemento intervenga. En este segundo tipo de ejercicio, la evolución de la frecuencia cardiaca ya no pega con la del esfuerzo realizado.

En un estudio sobre la producción energética anaeróbica y la frecuencia cardiaca, Kinderman y Al han demostrado que la frecuencia cardiaca constituye un criterio insuficiente en la apreciación de los intercambios de energía.
Kindermann sacaría como conclusión de ello que: “es imposible, a partir del solo parámetro frecuencia cardiaca sacar unas conclusiones precisas en cuanto al grado de solicitud para una cierta forma de entrenamiento sobre el sistema de producción energético anaeróbico”.

De hecho, la F.C. es la expresión de la velocidad de rotación de la bomba cardiaca. Si esa bomba se activa en un esfuerzo anaeróbico es ante todo un eslabón esencial de las reacciones aeróbicas. Es por lo tanto fundamental que esta vía energética esté fuertemente implicada para que pueda suministrarnos unos datos validos sobre el grado de solicitud del ejercicio.

Por otra parte, al nivel mas alto aeróbico (VO2 max) la frecuencia cardiaca llega a su máximo genético. El corazón no puede contraerse más rápido. Por lo tanto, todo aumento de la intensidad por encima de VO2 max gracias a los procesos anaeróbicos no puede ser tenido en cuenta.

Utilizar la frecuencia cardiaca, sí pero únicamente para intensidades inferiores o iguales a VO2 max y teniendo en cuenta que para esas velocidades, no dice gran cosa sobre la energía transformada por la reacciones anaeróbicas.
Otras precauciones a tomar, acordarse de que los aspectos exteriores del entrenamiento mismo, pueden influenciar la F.C.

Varios factores
Un cierto nº de factores, que pueden tener aunque sea una lejana relación con el esfuerzo realizado son susceptibles de influenciar la evolución de la F.C.

En principio, el calor que provoca su aumento. Esta adaptación es probablemente debida al esfuerzo suministrado para asegurar la regulación térmica del cuerpo y o/a la bajada del volumen sanguíneo relacionado con la deshidratación. No nos extrañemos entonces, que en los días de verano, nuestra F.C alcance unos valores anormalmente altos con relación al esfuerzo realizado y que en el invernal maratón de Sevilla 05 se hayan bajado.

Numerosos factores pueden jugar con la F.C.: el tipo de alimentación, presión atmosférica, humedad, altitud. En reposo: la emoción, la posición adoptada-de pie, sentado o acostado...

El atleta debe tener en cuenta esas influencias de manera que no interprete una eventual variación de la F.C como el efecto de un problema de adaptación de su organismo. La idea es que nunca debemos alarmarnos en vistas de una medida cardiaca inhabitual.

Si el problema de adaptación es serio, continuará. En ese caso debe buscarse y comprender las razones y la persistencia del cambio observado

Frecuencia cardiaca de descanso

Como su nombre indica, la F.C de descanso se mide durante un periodo de calma. Generalmente los momentos mas propicios son antes y después de dormir. Su valor suele ser más débil hacia las 3h de la madrugada. Se aconseja también su medición en condiciones parecidas y horarios.

En todo caso la validez de la medida pasa por respetar un periodo de calma de varios minutos anterior a la medida y se contrastara varios días seguidos para más fiabilidad.

El entrenamiento aeróbico provoca una bajada de la F.C de descanso. Si después de un periodo de entrenamiento un atleta nota que su F.C de descanso ha bajado es mas bien buena señal. ¡Pero cuidado! Las señales de muy buena adaptación están muchas veces próximas a las señales de fatiga. En efecto una F.C extremadamente baja, puede ser debida a un estado de fatiga que se esta instalando. Si ese fuera el caso, después de un periodo de “depresión", la F.C debería volver a subir. Esto también explicaría algunas bajadas en los maratonianos allá por el “Muro”

Frecuencia cardiaca máxima

Después de un entrenamiento aeróbico la F.C. máxima tiende a bajar ligeramente. Esta evolución es completamente normal. Esta sin embargo no dice nada sobre las capacidades de mejorar marcas de un deportista. En contra partida una bajada de la F.C máxima (mas de 5 a 10 pulsaciones) se acompaña muchas veces de una perdida de capacidad de encajar variaciones de ritmo, de correr a velocidades próximas y superiores a VO2 max. Tal adaptación es el resultado de un entrenamiento hecho exclusivamente a ritmos moderados (rodajes lentos a rápidos).

Frecuencia cardiaca de recuperación
Después de un esfuerzo, la F.C. puede elevarse durante 5 ó 10 segundos; pero después disminuye de manera más rápida. La bajada es mas marcada si el atleta esta entrenado ó si el impacto del ejercicio es débil.

Clásicamente la toma se hace después de un minuto de recuperación. El simple seguimiento de la frecuencia cardiaca alcanzada después de ese minuto nos permite hacernos una idea de la intensidad del esfuerzo hecho por el atleta.

Generalmente un atleta bien entrenado encuentra valores de 120-130 pulsaciones/minuto después de una sesión realizada a VMA. Si la intensidad es más elevada, si el atleta está cansado o si el entrenamiento fue muy duro, estos valores pueden subir hasta 150-170 pulsaciones/minuto.

El entrenador del británico Ovett -campeón olímpico del 800m- en Moscú decía que cuando su atleta estaba en su mejor forma, podía encadenar repeticiones de 500m en menos de 1´05´´ y volver a tener una frecuencia cardiaca próxima a las 90 pulsaciones después de 1 minuto de recuperación.

Finalmente observamos que la frecuencia cardiaca sigue muy finamente la evolución del esfuerzo suministrado. Cuanto más sea la fatiga provocada por el esfuerzo aeróbico, más lenta será la recuperación.

Recordemos además que esas adaptaciones deben ser siempre interpretadas en un va y viene entre el atleta y su entorno. Pueden ser debidas a la carga exterior ó de modificaciones internas del organismo (forma del momento, efectos del entrenamiento)

Leer las F.C. a la luz de las sensaciones

Para darnos cuenta de la interpretación de un entrenamiento basado sobre la F.C. y las sensaciones, nos apoyaremos sobre la lectura de los niveles cardiacos observados sobre una misma sesión realizada antes y después de un periodo de entrenamiento.

Después de la sesión “post-entrenamiento”, 4 situaciones son posibles:

1) Las F.C. han bajado y las sensaciones son buenas: el ejercicio se acompaña de una sensación de facilidad.
Es el mejor perfil que puede ser obtenido. Indudablemente el entrenamiento ha tenido unos efectos positivos sobre el recurso aeróbico.

2) Las F.C. han bajado pero las sensaciones son malas: el ejercicio parece difícil.

La adaptación aeróbica ha mejorado pero el atleta está cansado. Si se toma un tiempo para recuperar, pasará seguramente a la primera categoría. Sin embargo, si sigue entrenándose duramente sin darse un tiempo de descanso, corre el riesgo de caer en el sobreentrenamiento.

3) Las F.C. han aumentado pero las sensaciones son buenas. Esta adaptación se observa mucho en las fases de retoma del entrenamiento. El atleta tiene “energía” sin embargo sus niveles funcionales aeróbicos no están a la altura.
Puede muy bien realizar buenas marcas en pruebas cortas (800m-1000m). El riesgo que corre en ese estado es el de acumular sesiones agotadoras y de caer en el sobreentrenamiento. Sin embargo la mayoría de las veces suele evolucionar hacia las categorías 2 ó 1

4) Las F.C. han aumentado y las sensaciones son malas. El atleta no está en forma. Puede que esté saliendo de un periodo de inactividad bastante largo ó no soportar sencillamente su entrenamiento.
En el segundo caso, un periodo de descanso y la reevaluación del entrenamiento se imponen.

Una vez tenidas en cuentas todas estas precauciones, la FC será un indicador de esfuerzo útil para el seguimiento del entrenamiento. El atleta saldrá ganando si no la utiliza demasiado para fijar el esfuerzo pero si para controlarlo. Lo ideal es ponerla en relación con otros indicadores del ejercicio realmente efectuados como: velocidad de carrera y del impacto sentido, percepción subjetiva (percepción del esfuerzo), etc.

Como apéndice a estas consideraciones, dejo algo que todos debemos saber hacer: El masaje cardiaco

sábado, 5 de septiembre de 2009

Lesiones de los meniscos





Meniscal Injuries

Las lesiones meniscales pueden afectar a cualquier edad, pero las causas son algo diferentes en los distintos grupos de edad. En los pacientes más jóvenes, el menisco es una estructura bastante resistente y elástica. Las roturas del menisco en pacientes menores de 30 años generalmente son el resultado de una lesión importante por torsión de la rodilla. Con frecuencia están relacionadas con alguna actividad deportiva.

En las personas mayores, el menisco se vuelve más débil con los años. El tejido meniscal degenera y se vuelve menos resistente. Las roturas meniscales a estas edades pueden deberse a un traumatismo menor (por ejemplo, al levantarse de la posición de cuclillas). Las roturas degenerativas del menisco se ven con frecuencia como una parte integrante de la artrosis de rodilla en la población de más edad. En muchos casos, no se recuerda un traumatismo específico que haya roto el menisco.

La mayoría de las lesiones meniscales se inician en el cuerno posterior de los meniscos y más frecuentemente en el menisco interno. Los meniscos son dos pequeñas estructuras que tenemos en cada rodilla, en forma de medialuna, que sirven para trasmitir las fuerzas entre el fémur y la tibia, y son además estabilizadores de la rodilla. Tienen también la función de distribuir el líquido sinovial a través de la rodilla. Los meniscos resisten grandes cargas de compresión. Absorben parte de la energía cuando saltamos.

El menisco interno o medial es más propenso a lesionarse que el menisco externo ya que está conectado al ligamento colateral interno y a la cápsula articular de manera que es menos móvil. Por lo tanto, cualquier fuerza que impacte desde la superficie exterior de la rodilla, puede dañar severamente el menisco interno. Además, las lesiones de menisco interno están con frecuencia asociadas también a lesiones del ligamento cruzado anterior. Otros mecanismos de lesión pueden ser la torsión de la rodilla o cambios degenerativos que están asociados a la edad. Cualquiera de estas circunstancias puede conducir a una rotura del menisco interno, la cual en casos graves puede requerir intervención quirúrgica . Asimismo las bruscas posiciones en varo o valgo de la rodilla son causantes de desgarros meniscales.

Síntomas de la rotura de M.I.

- Antecedente de traumatismo o torsión de la rodilla.
- Dolor en la superficie interna de la articulación de la rodilla.
- Hinchazón de la rodilla entre 24 - 48 horas después de la lesión.
- Incapacidad para doblar la rodilla completamente - esto puede estar acompañado de dolor o chasquido. - Resultado positivo (dolor y/o chasquido) durante el "test de McMurray". (Se realiza, para el menisco interno, con el pie rotado externamente, mientras la rodilla se lleva pasivamente de flexión a una extensión completa. La palpación de la interlínea articular interna durante esta maniobra demostrará un clik palpable, en la medida que la lesión meniscal se deslice entre el cóndilo femoral medial y la superficie del platillo tibial medial. De una forma similar las lesiones del menisco externo se pueden evaluar con el pie en rotación interna, mientras la rodilla se lleva de flexión a extensión).
- Bloqueo de la rodilla: no se puede extender completamente la articulación cuando el fragmento roto queda atrapado en el mecanismo de bisagra.
- Incapacidad para sostener peso sobre el lado afecto.
- Puede aparecer un pequeño derrame de líquido sinovial en la articulación que generalmente es poco importante.

Tipos de lesiones meniscales:

- Cambios Degenerativos : Esto puede conllevar a que los bordes del menisco se hagan desiguales y se desgasten.
- Roturas longitudinales : Es una rotura que tiene lugar a lo largo de la longitud del menisco.
- Roturas en asa de cubo : Es una forma exagerada de una rotura longitudinal en la que una porción del menisco se separa de la tibia formando un colgajo similar al asa de un cubo.

Los meniscos se lesionan especialmente con movimientos de rotación del cuerpo cuando el pie está fijo en el suelo. El menisco, con la edad, sufre un proceso de envejecimiento similar al de otros cartílagos y al de la misma rodilla, pero son necesarias unas circunstancias desencadenantes para provocar lesiones o roturas como puede ser un traumatismo o una sobrecarga articular.

El diagnóstico se basa en: Antecedentes deportivos, laborales etc., inicio de la sintomatología, mecanismo lesional, incapacidad inmediata, presencia de chasquido o desgarro.

En la exploración clínica, observaremos que no es el caso de una rodilla bloqueada que tiene una historia característica de déficit de extensión y de por sí nos proporciona del diagnóstico, sino de una rodilla con movilidad completa y algias (dolores) compatibles con lesión meniscal.

Cuando la lesión acaba de suceder, la persona siente un dolor agudo en la rodilla, que posteriormente se va inflamando. Esta inflamación se debe al sangrado del menisco, que ocasiona el aumento de volumen de la rodilla por la sangre acumulada. Cuando la lesión es crónica, se siente dolor en la rodilla, pero el síntoma más característico es que la persona siente que la rodilla se le bloquea y tiene que hacer un esfuerzo para movilizarla.
Las lesiones se operan sólo si producen síntomas que no mejoran con el tratamiento conservador.

Tratamiento de la lesión de M.I.

- Aplicar RICE (reposo, hielo, compresión, elevación) a la rodilla lesionada.
- Ponerse una rodillera o una sujeción que retenga el calor.
- Ejercicios suaves para mantener la fuerza del cuádriceps, aunque debe llevarse cuidado para no agravar los síntomas.
- Medicación: Glucosamina, Condroitin Sulfato, Diacerina…
- Consultar a un Especialista en Lesiones Deportivas.

La meniscectomía altera la transmisión de carga provocando, inevitablemente, lesiones en el cartílago articular. Esta evidencia, junto con las nuevas técnicas quirúrgicas, ha determinado la tendencia universal de conservar al máximo el tejido meniscal. No obstante, la reparación meniscal queda limitada por la distribución vascular intrameniscal.
Las áreas meniscales cercanas a la cápsula están suficientemente vascularizadas, y las roturas en esta área roja-roja se conocen por su excelente tendencia a cicatrizar2, incluso en ausencia de reparación quirúrgica. Las roturas en la zona roja-blanca si cicatrizan son, gracias al coágulo de fibrina que aportan los vasos de la periferia. Las roturas en la zona avascular blanca-blanca no cicatrizan y, por ello, no son candidatas para la fijación.

La cirugía de meniscos consiste en la reparación o la resección parcial del menisco. Debido a que el menisco tiene una función importante en la mecánica de la rodilla, su resección total aumentaría el desgaste del cartílago articular.No todos los desgarros meniscales se pueden reparar, la sutura de los meniscos sólo se reserva a algunos casos que el médico determina. En la mayoría de los casos se hace la meniscectomía parcial , esto es la resección de la parte lesionada.

El menisco discoide: es infrecuente, y patrimonio casi exclusivo del menisco externo. Es un menisco de forma anormal, no como semiluna, sino como un disco. Se trata de una anomalía congénita, por falta de reabsorción del mesénquima que en un principio rellena todo el espacio articular. Se opera si produce síntomas o si se desgarra, ya que es más frágil que un menisco normal.

Quiste meniscal: es la formación de un nódulo en el menisco. La causa puede ser traumática o degenerativa. Afecta de forma casi exclusiva al menisco externo, siendo excepcional su aparición en el menisco interno.

La Radiofrecuencia en el tratamiento de la lesión meniscal.

Si el menisco se quita o no se recupera en perfectas condiciones, no puede cumplir su función principal, que es absorber cargas, y éstas pasan al cartílago de la articulación, que se fatiga y termina desgastándose mucho antes de lo normal. Por ello es muy importante que a la hora de abordar la lesión exista la posibilidad de estimularlo para que o bien sane o cicatrice.

En esta línea, el empleo de la radiofrecuencia -acompañada o no de la sutura o inmovilización del menisco, según el caso- está surgiendo como una alternativa a la clásica eliminación del tejido meniscal dañado.

Para Rafael Iñigo Paulovich, del Instituto Ortopédico para desórdenes músculo-esqueléticos de Hermosillo-Sonora, Méjico, "esta técnica contempla dos eventos: uno es biológico y se centra en cómo despierto al menisco para que cicatrice; el otro, si existe la necesidad de suturar e inmovilizar una parte del mismo, cómo lo hago".

El abordaje se realiza por cirugía artroscópica y se basa en "estimular al menisco con radiofrecuencia para provocar una ola de cicatrización". Estadísticamente tiene mejores resultados que las técnicas de raspado normales o habituales.

La aplicación práctica, centrada en una sola sesión durante la intervención, consiste en "con unos 25 watts de energía monopolar, dar pulsos de medio segundo para que, a través de los labios de la zona, ésta se estimule y cicatrice mejor".

Esta energía térmica hace que se module la colágena y se produzca una llamada químico-hormonal de liberación de citocinas. Durante ese proceso, también se analiza si el menisco necesita algún tipo de inmovilización para agilizar su recuperación.